Oscuridad. La única luz que percibes, es el argentado resplandor del gran satélite blanco, el cual, entra silenciosamente por tu ventana. Das un último vistazo alrededor y decidido cierras los ojos. Sin embargo, un ruido no muy sonoro rompe el silencio. Abres los ojos abruptamente y vuelves a mirar a tu alrededor. Vez la forma extraña que forma la sombra de una silla en un rincón y no puedes evitar comenzar a tener miedo. Comienzas a imaginar todo tipo de hazañas que viste hacer a un individuo en equis película de terror. No puedes cerrar los ojos, temes que de pronto algo aparezca en la oscuridad. Pero no temas, aún no es mi turno. Tomas tu cobija y te tapas la cabeza con ella. Como si eso fuera a protegerte…
Sigues tapado completamente. Sin embargo, la noche es calurosa y comienzas a sudar, por lo que no tienes más remedio. Miras al pie de la cama y vez tu par de pies. Un impulso hace que los contraigas y los pegues a la pared. Aún estas nervioso. Pero al parecer el susto te dura poco, puesto que comienzas a recordar lo que harás el día de mañana e imaginarte lo que sucederá. Pronto tus parpados comienzan a cerrarse y caes profundamente dormido.
No hay sonido alguno en tu habitación. Mis pasos son febriles y callados, por lo cual no percibes en absoluto. Nada puede perturbar tus sueños, excepto…
Y por alguna razón aparente y sin saber por que abres de nuevo los ojos. Miras el despertador: 3:07 a.m. Te tallas la cara con las manos buscas una posición mas cómoda para seguir durmiendo. Comienzas a cerrar de nuevo tus ojos, pero ¡sorpresa! No esperabas presenciar aquello que acabas de ver.
Das un salto asustado y lanzas un grito ensordecedor. Algo totalmente inútil, puesto que eso no iba a detenerme. Miras como el brillo de aquella arma punzocortante se mezcla con la luz de la luna; sientes el peor dolor que has sentido en tu vida, intentas gritar pero no escapa sonido alguno de tus labios, ese corte seco fue realmente efectivo.
Te sientes cada vez más débil y como la oscuridad se va apoderando de tu visión. Tus ojos se tornan opacos y lentamente tu alma abandona tu cuerpo. Y ¿que hacer ahora? Lanzas una mirada a lo que había sido tu cuerpo y una luz te inunda por completo. Yo por mi parte, observo como cada gota de sangre escapa de tu pequeño caparazón llamado cuerpo. No puedo evitar sonreír. Había sido un completo éxito.
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