lunes, 3 de septiembre de 2012

Historia de un amigo


Historia de una persona *-*

-Esmeraldas-

No se por que las personas siempre se empeñan en poner etiquetas absurdas a cualquier persona que, para ellas, tiene un dejo de rareza u otra ridícula cosa que no va al caso con lo demás. Como a mí por ejemplo, resulta que la gente de mi vecindario e incluso de mi propio hogar comenzó a llamarme loco. ¡Ja! ¿Pueden creerlo? ¿Loco yo? Jamás. Según se, una persona que no esta cuerda no tiene la mas mínima  conciencia de sus actos en si, mientras yo, estoy consiente de lo que hago las veinticuatro horas del día. Y no quiero presumir mucho menos pero, poseo de una gran inteligencia y de una mente bastante abierta a cosas nuevas y situaciones de interés. Amo la música y el arte como cualquier hombre de mi época y edad y me disgusta mucho la ignorancia que poseen algunas personas, por lo cual mis amistades son bastante selectivas en cuestión. No quiero profundizar más. No es mi intención hablar de mi o de mis gustos en este escrito, si no más bien de los acontecimientos recientes, los cuales dieron inicio en esta misma habitación, oscura y silenciosa.

Sucedió que, hace tres noches me encontraba leyendo un libro sobre ciencia escrito totalmente en latín. Mis ideas se mezclaban junto con otras teorías, llegando a varias conclusiones en mi cabeza. Sentía los parpados pesados, más sin embargo dormir no estaba en mis planes, no aun. Había una vela encendida a mi lado, la llama danzaba de un lado a otro haciendo que las sombras proyectadas en la pared cambiaran cada segundo y mis ojos se fijaran más en ellas que en el libro el cual estaba a punto de resbalarse de mi regazo. Tomaban formas que parecían aterradoras y asustarían al más pequeño. Pero a mi me arrullaban cual canción de cuna. Seguí observando, quieto, sin mover ni un solo musculo hasta que lentamente la oscuridad se fue apoderando de mi mente y mi visión.

Desperté sobresaltado, pues un golpe fuerte había roto el silencio de la noche. Parecía provenir de la otra habitación. La vela aun seguía encendida y no parecía consumirse en lo más mínimo. Lo atribuí al hecho de que aun estaba dormido, así que me levante, estire mis miembros entumidos y decidí dar por terminada la noche e irme a descansar a mi cama tibia. Intente abrir la puerta, pero estaba cerrada, parecía que alguien tomaba el picaporte del otro lado. Comencé a golpearla y a lanzar gritos. En ese momento, la vela se apago.

A la mañana siguiente, un pensamiento se apodero de mí. Era enfermo, bizarro, pero no hacia nada para no dejar de pensarlo, muy al contrario, dejaba que se apoderara de mi mente, de mi cuerpo completo. Pronto me hallaba sumido en una enorme desesperación. Mis manos temblaban, el sudor frio me recorría el cuerpo, y los escalofríos mi espalda. Estaba pálido y me veía cansado. Comencé a preocuparme y llame a un doctor el cual me recomendó quedarme en cama unos días.

Los días parecían eternos y no había mejoría en mi persona. Mi hija, preocupada, pasaba la mayor parte de su tiempo atendiéndome, a pesar de que teníamos bastantes criados los cuales podían cuidarme. Yo por mi parte me veía ansioso. Cada que la observaba miraba aquel hermoso par de ojos verdes los cuales me habían encantado desde la primera vez que los vi. Y me perdía en ellos, en su fuente esmeralda que derrochaba el néctar delicioso de sus lágrimas. Volvía a sudar frio y de nuevo comenzaba a temblar. Entonces cerraba los ojos entregándome a una sensación de placer, la cual caía en forma de orgasmo sobre mí, haciéndome sentir satisfecho e indefenso como un niño pequeño, después de eso, llegaba el sueño y Morfeo me tomaba en sus brazos para llevarme lejos.

Entonces, ocurrido una mañana, que me levante lleno de energía. Una sonrisa se dibujaba en mis labios y había recuperado el color característico de mis mejillas y mi tono de piel. Me vestí lo más elegante que pude y salí de la habitación hasta mi estudio, donde encontré a mi hija leyendo. Me saludó llenándome la cara de besos y mi cuerpo de abrazos y diciéndome que se sentía muy bien de que ya estuviera mejor. Yo por mi parte, me perdí en su mirada profunda. Ella me observo, mientras mis manos apartaban su rojo cabello de su rostro, acaricié sus mejillas surcadas de pecas y lentamente me fui acercando a ella.

Desperté en mi habitación a la mitad de la noche. Estaba oscuro y la luz de la luna formaba un perfil grisáceo de sombras. Encendí una vela y a los segundos escuche un grito estremecedor, el cual provenía de la habitación de junto. Corrí hacia allí y encontré a una de las criadas tapándose el rostro aterrado, mientras se estremecía y temblaba de miedo. En la cama, yacía el cuerpo inerte y desnudo de mi hija. En su cara no se dibujaba expresión alguna y las cuencas de sus ojos estaban vacías. Mire mis manos manchadas de sangre y comencé a marearme un poco. Le ordene a gritos que saliera de la habitación y me dejara solo con ella. La criada obedeció al instante.

Fue entonces cuando me acurruque junto a ella y pase mi mano derecha sobre su cuerpo desnudo. Le bese en los labios y luego relamí los míos, buscando el ultimo regusto de sus ojos verdes, tan brillantes, como las esmeraldas.

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