jueves, 20 de septiembre de 2012

la luna y el espiritu


Era un poco más de la media noche. La luna yacia en todo su esplendor, iluminando los aromos con su luz argentada. El silencio reinaba completamente, lastimando sus delicados oidos. Sus pasos eran callados y febriles. solo podia escucharse el muy ligero sonido de las hojas crujiendo bajo sus pies desnudos. Se sentia vacio y solo. No de la manera cuando pierdes a un ser querido, no. A pesar de haber perdido recientemente al amor de su vida, sentia una soledad de amor que jámas habia conocido. Y como un eco muy lejano, recordó su armoniosa voz ¡benditos los oidos que la escuchaban! 


Todos tiene derecho a amar como su pasión se lo mande, a pesar de la censura, esa por la que su agonia crecia más y más. 
Amor mio... ¿Que me has hecho? -susurró con su suave voz.
Se detuvó bajo el suave aroma de un limonero. El viento gélido sopló en su cara enfriando su nariz y orejas. Observó a su alrededor poniendole poca atención a los detalles de su entorno. Caminó hasta un manzano y se tumbó bajo su invisible sombra, recargando su espalda en el duro tronco.
Queria huir, alejarse de esa casa a la cual se sentia preso, esa familia que lo menos preciaba, de aquel maldito compromiso arreglado.
Volvió a pensar en el. En sus ojos, su cabello, sus labios... ¡Que no daria por besarlos de nuevo! Pero era tarde ya, el se habia ido para siempre, llevandose con el lo mejor de su vida. Se levantó lentamente y continuó caminando hasta llegar al lago; sin duda se encontraba ya lejos de su casa. Se sentó en un tronco elevado y comenzó a llorar desconsoladamente. Las lágrimas bajaban por sus rosadas mejillas y caian en el agua, como si fueran gotas de lluvia. Se sentia perdido, vacio. Miró al cielo y vio la sonrisa de su amado reflejada en las estrellas. Estiró un brazo tratando de alcanzarla, pero cayó al frio y oscuro lago. Lentamente salió del agua y sus pulmones volvieron a tomar oxigeno. Se quedo quieto un momento, jadeando un poco y vio el reflejo del hermoso satélite blanco reflejado en el agua. Oh luna! tu que todas las noches nos besas con tu luz, nos acobijas con tu manto de plata. Tu, testigo de sus desdichas, ¡ayudalo! dejalo verlo una vez más, oh luna milagrosa.
Pero la luna no contestó. Se quedo ahi, brillando con su magnifico esplendor. El frio se apoderó de su cuerpo y comenzó a temblar fuertemente, se escuchaba el castañeo de sus dientes al chocar, pero no le importó. Nadó hasta la orilla y se sentó, aún con la mirada fija en la luna. Cerró los ojos un momento y suspiró.
Con el no habia nada malo o bueno, solo amor. Amor puro y sincero. Se acurrucó en el frio suelo, adoptando un posición fetal y abrió los ojos. Ahi estaba el. Mirandoló con dulzura y paz. Allen Tuvó que sonreir. Extendió su mano temeroso, pensando que no podría tocarlo y con la llema de sus dedos, tocó su mejillas y la acarició suavemente. Acercó su rostro hacia el y lo besó. Lo besó con desesperación, con una combinacion de ternura y pasión. Lo besó como habia querido hacerlo los últimos meses. Cada rose de sus labios, le devolvia lentamente la vida a su perdido corazón. Matt sonrió y se pusó de pie. Allen apenas tenia fuerza, habia comenzado a temblar mas y sus dedos se habia puesto azulados, al igual que sus labios.
-Te extraño -dijo con un hilo de voz.
Matt se limitó a seguir sonriendo y lentamente fue entrando al lago. Cuando tenia el agua hasta la cintura, se volteó y extendio su mano hacia Allen. Este lo miró seriamente y giró la cabeza en dirección a su casa. ¿Que podia perder? ¿Acaso era tan malo volver a estar juntos de nuevo? Y mirando a su amado fijamente a los ojos, se fue adentrando más y más a ese lúgubre lago, tomó la mano de Matt y juntos desaparecieron por completo, pues solo se puede amar de un modo. Dandolo todo, mente, alma y corazón.


A la mañana siguiente, un par de pescadores encontraron el cuerpo sin vida de un joven de aproximadamente veinte años. Al parecer habia muerto ahogado. Pero lo que ellos desconocian, era que ese joven, ahora vivia en espiritu en aquel oscuro lago, con el amor de su vida, danzando bajo a luz argentada de la luna.

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